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¿Y por qué debo volar? -graznaba Afortunada con las alas muy pegadas al cuerpo. -Porque eres una gaviota y las gaviotas vuelan -respondía Sabelotodo-. Me parece terrible, ¡terrible! , que no lo sepas. -Pero yo no quiero volar. Tampoco quiero ser gaviota -discutía Afortunada-. Quiero ser gato y los gatos no vuelan.

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El faro no detiene las olas, pero enseña al ferry cómo seguir adelante; al igual que en la vida, a veces no necesitamos que el camino sea fácil, sino tener una luz clara hacia la cual dirigir nuestra resistencia.

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Frente al mar, la Grúa de Piedra permanece inmóvil, recordándonos que el paso del tiempo transforma los lugares, pero no borra la huella de quienes les dieron vida.

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A veces, las imágenes más impresionantes no se encuentran bajo el sol, sino bajo el silencio y la magia de la noche.

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Bajo un cielo lleno de estrellas, el tren acaricia la orilla, el faro ilumina los sueños y el ferry navega hacia el horizonte, dejando que la noche escriba su propia historia.

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Bajo la noche estrellada, el Faro de Mouro vigilaba el horizonte mientras los galeones de La Magdalena parecían navegar entre sombras y reflejos sobre el mar en calma.

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