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¿Y por qué debo volar? -graznaba Afortunada con las alas muy pegadas al cuerpo. -Porque eres una gaviota y las gaviotas vuelan -respondía Sabelotodo-. Me parece terrible, ¡terrible! , que no lo sepas. -Pero yo no quiero volar. Tampoco quiero ser gaviota -discutía Afortunada-. Quiero ser gato y los gatos no vuelan.
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